¡Me volví novelera!

Más o menos desde Francisco el Matemático no me encarretaba con una novela ; había olvidado la tensión de esperar una hora determinada y la ansiedad de esperar al siguiente día para ver qué va a pasar; y tragándome muchas de mis palabras hoy vengo a hacer esta confesión.

No hay que buscar mucho en mis redes sociales, conversaciones y otros artículos para encontrar alguna frase que hoy me puedan echar en cara, he sido crítica y criticona de muchas de las producciones nacionales desde hace varios años, las he tachado de superficiales e incluso en mis épocas más rebeldes las acusé de ser parte de un malvado plan del gobierno y los medios para volvernos más brutos; si, yo tuve mi época radical.

Pero ahora, después de meses de no sacar mi televisor de Netflix, de decir orgullosa (esas poses pendejas por las que le da a uno a veces) que no veo televisión nacional para no torturarme con malas producciones y falta de criterio editorial, de defender mi actitud millennial de poder elegir mis contenidos a la hora que quiera consumirlos y demás, el pasado jueves sorprendí a mis amigos durante una salida nocturna con un “no! me perdí la novela!” ya se imaginarán la cara y las risas de todos.

Para llegar a esta historia les tengo que contar un pedacito de mi vida personal y familiar, cómo algunos saben desde hace un poco más de 3 años vivo de nuevo en mi casa con mi mamá y mi tía, volví después de 5 años de aventuras y corriendo el riesgo de que me llamen Peter Pan, soy feliz acá de nuevo. Entre las dinámicas de este particular hogar existe una regla inquebrantable, mientras estemos juntas los momentos de la comida se comparten, y debido a las múltiples obligaciones, la mayoría de los días sólo coincidimos a la hora de cenar.

A ese lindo ritual de vernos y compartir lo más relevante del día y la actualidad familiar, se suma un actor importante: la televisión. Desde que me conozco en mi casa se come acompañado de las producciones del Prime Time de la televisión nacional, elegido por su puesto por mi madre y mi tía quienes siempre están viendo la novela de turno, en alguno de los dos canales nacionales.

Durante años miré de reojo lo que ellas veían con tanta atención, hasta que hace unos pocos días me descubrí a mi misma mirando embelesada la novela de turno: La Ley del Corazón del canal RCN. Si, ríanse, digan lo que quieran, saquen a relucir mis post y háganme tragar las palabras que lo hago feliz, porque debo reconocer que me encanta.

¡Por fin! Ya era hora de que hicieran algo chevere en digital

Pero acá no vengo a comentar sobre lo lindos que son los protagonistas, o a decir que Julia se debería quedar con Pablo, no, para eso mejor nos tomamos una cerveza. Vengo a hablar de cómo han venido acompañando esta producción de otras estrategias en línea que vale la pena rescatar.

Acá como se da varilla, también se reconocen las buenas prácticas, por eso, a pesar de las grandes dudas que me despierta la estrategia digital de RCN, hoy vengo a aplaudir las narrativas paralelas que han creado para esta producción. Todos los personajes tienen una cuenta activa en Twitter e Instagram, en donde no sólo interactúan con sus fanáticos sino que amplían un poco la narrativa durante cada uno de los episodios con sus comentarios fieles a la caracterización de sus personajes.

De esta forma, el canal entiende que los hábitos de los usuarios son multipantalla (hace ratico) y que para no desconectarlos se les debe ofrecer contenido para cada una de sus presencias digitales ¡Empezamos bien!

Claro que se podría hacer más…

¿Se imaginan episodios intermedios que sólo se puedan ver a través de la red? ¿Un website con cápsulas de cada personaje contando cosas que no se ven en la pantalla? ¿Una historia paralela entre sus cuentas en redes sociales? Hay infinidad de cosas que se pueden hacer.

La novela tiene el factor ganador de las producciones de hace muchos años: un universo narrativo, que si bien puede ser considerado banal por su romanticismo cursi, cuenta con un sin fin de posibilidades de hacerse más complejo, con cientos de personajes secundarios que podrían ser protagonistas en narrativas paralelas, o historias que podrían desarrollarse más allá de la pantalla. 

De todas formas es un buen inicio, y espero, de todo corazón, que sigamos por ese camino, tenemos talento y creatividad para hacer buenas producciones televisivas y estoy segura, que tenemos el potencial para hacer grandes cosas en las demás pantallas. Sigamos así.

¿Hay más fanáticos de la Ley del Corazón por acá? ¡Cuéntenme que es lo que más les ha gustado! 

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